El cuento de nunca acabar

A este artículo también me hubiera gustado titularlo “En busca del Santo Grial”, porque trata sobre algo que cuesta mucho encontrar o quizás nunca se encuentra –salvo Indiana Jones en aquella famosa película de ficción–. Ni los caballeros de la Tabla Redonda, ni los cruzados de Tierra Santa, ni otros aventureros aislados que lo han buscado a lo largo de los siglos jamás lo encontraron. Por cierto, algunos tuvieron que pagar un precio muy alto, a juzgar por los relatos.

Me estoy refiriendo a un hecho que observo con frecuencia. Muchas personas con fibromialgia acuden a la consulta con un voluminoso archivo de análisis, radiografías, resonancias, gamagrafías, endoscopias, electromiogramas, etc., recolectados a lo largo de los últimos años. No es frecuente ver informes clínicos entre las numerosas pruebas, pero cuando los hay casi siempre hacen referencia a un proceso localizado como lumbalgia, contractura, artrosis de rodilla, mareo, cefaleas, hernia de hiato, ojo seco, crisis de ansiedad, depresión o cistitis de repetición, por enumerar los más frecuentes. Sin embargo, el diagnóstico más obvio que es el de fibromialgia brilla por su ausencia.

Como vimos en un artículo anterior, la fibromialgia es una sola enfermedad pero con síntomas en muchos órganos y sistemas del organismo, y no muchas enfermedades en un mismo paciente. Solamente con ver a una persona que muestre tantos síntomas en tan variado número de órganos debería ser más que suficiente como para sospechar el diagnóstico.

Por otra parte, el paciente en su legítima búsqueda de un diagnóstico que explique los numerosos síntomas que padece acude a varios especialistas que le someten a diferentes pruebas diagnósticas para llegar siempre a conclusiones parciales y nunca al verdadero diagnóstico de lo que realmente le ocurre al enfermo.

Esto es lo que llamo el cuento de nunca acabar, porque después de las primeras pruebas con el primer especialista vendrán las segundas consultas a otros especialistas que, a su vez, solicitarán otras pruebas diferentes sin llegar a un diagnóstico definitivo por lo que el ciclo vuelve al principio y se repite así de una manera interminable para muchos pacientes.

Esta dinámica, demasiado habitual para muchas personas con fibromialgia, tiene varias consecuencias negativas para ellas. La primera es el retraso en el diagnóstico, que en algunos casos llega a ser de hasta 7 años, con la consiguiente evolución negativa de la enfermedad cuando no se trata adecuadamente.

La segunda, que ya hemos tratado en artículos anteriores, es que se hacen múltiples diagnósticos (sobrediagnostico) que llevan aparejados numerosos tratamientos con fármacos y cirugías (sobretratamiento) que, además de suponer un riesgo para los pacientes por los efectos secundarios o las complicaciones quirúrgicas, tiene un impacto psicológico en forma de estrés que es bastante desconocido aunque muy evidente en algunos pacientes.

Hace pocos días, los servicios de salud británicos publicaban un artículo muy esclarecedor donde demuestran que aproximadamente el 12% de todos los actos médico que se realizan tienen algún tipo de consecuencia negativa para el paciente. Algunas de ellas son inevitables como, por ejemplo, los efectos secundarios de los fármacos –salvo en aquellos pacientes que no estuvieran indicados, en cuyo caso serían fácilmente evitables con el solo hecho de no prescribirlos–, pero en la mitad de los casos los investigadores calculan que estas consecuencias negativas se podrían haber evitado. Estas cifras son demasiado elevadas como para no tenerlas en cuenta a la hora de solicitar pruebas diagnósticas, prescribir fármacos o indicar cirugías, si queremos hacer una buena práctica clínica.

La proliferación tan importante de seguros médicos privados que ha habido en los últimos años ha traído consigo un aumento considerable de análisis y otras pruebas diagnósticas.

Desconozco cuál es la verdadera explicación para este hecho, pero se me ocurre pensar que cuando el médico tiene poco tiempo para escuchar a los pacientes echa mano con más frecuencia de análisis y otras pruebas para obtener el diagnóstico de una manera rápida.

Esta dinámica no sé cómo funcionará en otras enfermedades, pero en la fibromialgia, que no tiene ninguna prueba que permita hacer el diagnóstico, tengo muy claro que no funciona bien en absoluto y, además, resulta perjudicial para el paciente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *