Además del dolor generalizado, cansancio, alteraciones del sueño y otro muchos síntomas que comparten las personas con fibromialgia, existe  otra manifestación clínica que no está descrita en los libros y que, sin embargo, se observa casi siempre.

Me refiero al miedo, o mejor dicho, a los diversos miedos que  aparecen mientras realizamos la historia clínica.

El primero en detectarse es el miedo ante el médico que tiene delante.

–¿Va a entender este doctor lo que me pasa? –se pregunta la paciente cuando empieza a relatar sus síntomas.

–¿Me dirá, como otros muchos que ya he consultado, que no tienen importancia y que se pasarán pronto? O, ¿me dirá que estos síntomas no son de ninguna enfermedad y que están solo en mi mente?, como también me han dicho otros médicos.

A continuación, empieza a contar su enfermedad y a mostrar su miedo sobre la importancia y la gravedad de los síntomas  que tiene.

–Este dolor de todo el cuerpo, ¿no será un lupus o un cáncer de huesos? –pregunta.

–O, este dolor de cabeza, ¿podría ser un tumor cerebral?

–Además, por los síntomas digestivos que tengo, me han dicho que pudiera ser celiaca –comenta cuando describe los problemas digestivos que le acompañan a diario.

De esta forma, va describiendo el cuadro clínico  y mostrando con cada unos de los síntomas los miedos sobre el significado que puedan tener. Como la fibromialgia es una enfermedad con muchos síntomas a la vez, el número de miedos puede llegar a ser considerable y cada uno  acompañado de su carga de ansiedad correspondiente.

Más tarde, expone las conclusiones a las que ha llegado ella misma después de ver cómo ha ido evolucionando la enfermedad.

–¡Con lo que yo era! Ahora, no soy capaz de hacer ni la décima parte de lo que hacía antes –comenta  preocupada.

–Si con la edad que tengo estoy así, no sé qué es lo que va a pasar cuando sea más mayor –se pregunta  tratando de adivinar el futuro.

Estos miedos sobre la posible evolución de su enfermedad añaden también una buena carga de ansiedad a la situación.

Cuando llegamos al diagnóstico nos encontramos con uno de los momentos más delicados y que más miedos produce.

–Después de lo que le he contado, ¿me va a decir que la fibromialgia no existe o que no cree en ella? –se pregunta completamente angustiada.

–¿Es que nunca voy a encontrar un médico que entienda mi enfermedad?

Por último,  en el capítulo del tratamiento, los pacientes muestran mucho miedo a los fármacos que se utilizan  por los efectos secundarios  que tienen, lo cual termina de complicar este entramado de miedos que sufren las personas con fibromialgia.

Pues bien, me gustaría dejar claro que todos estos miedos se pueden evitar  y eliminar la ansiedad que producen. Hay varias formas de hacerlo, pero todas pasan por una buena y detallada explicación de la enfermedad y de sus síntomas.

El objetivo de este blog es ayudar a las personas con fibromialgia a eliminar definitivamente estos miedos y enseñarles a enfrentarse a la enfermedad en las mejores condiciones posibles de éxito.