¿Qué es la evidencia científica?

Es un término que se utiliza con frecuencia a la hora de valorar la eficacia de un fármaco o cualquier otra medida terapéutica. Conviene explicar su significado porque lo vamos a encontrar muchas veces y además resulta útil para hacer una evaluación correcta de cualquier tratamiento. 

Cuando se dice que existe evidencia científica queremos decir que hay trabajos publicados en la literatura médica sobre la eficacia de una medida terapéutica. Por ejemplo: “existe evidencia científica de que la amitriptilina mejora el sueño” o bien “no existe evidencia de que las benzodiacepinas mejoren la situación general del paciente”. Es decir, existen publicaciones que muestran que la amitriptilina es eficaz en la mejoría del sueño, y en el segundo ejemplo de las benzodiacepinas,  también existen publicaciones, aunque en este caso demuestran que no mejoran la situación general.

Sin embargo, dentro de la evidencia científica existen varias categorías dependiendo del número y de la calidad de los trabajos publicados. No es lo mismo una evidencia de alta calidad, basada en ensayos clínicos, que una evidencia de baja calidad,  basada en casos clínicos aislados, series de casos u opiniones de expertos. 

Esto último es muy frecuente y es lo que más confusión produce. Muchas medidas terapéuticas (especialmente de parafarmacia o de medicinas alternativas) se dan publicidad diciendo que existe evidencia científica de que mejoran determinados síntomas o enfermedades. Sin embargo, lo que no suelen decir es en qué se basan para afirmar esto y tampoco la calidad de los trabajos que avalan dicha evidencia.

La mejor evidencia científica se obtiene con los ensayos clínicos. Cuando se hacen varios ensayos analizando la misma medida terapéutica, con un buen diseño metodológico, realizados por diferentes investigadores en distintos centros y con resultados similares es lo que proporciona el mejor nivel de evidencia científica.

Una vez conocido el nivel de la evidencia podemos pasar a continuación a los grados de recomendación. Esto es, en qué grado podemos recomendar un tratamiento conociendo el nivel de evidencia que existe sobre una determinada medida terapéutica. Los grados de recomendación también se cuantifican y van desde el altamente recomendable porque el nivel de evidencia científica es excelente y no deja la más mínima duda sobre su eficacia, a una recomendación en contra porque los efectos negativos que producen en el paciente y su enfermedad son superiores a los beneficios.

Aunque todo esto es bastante técnico e interesa más a los médicos que prescriben tratamientos, no está de más que los propios paciente sepan de qué estamos hablando y pregunten sobre la evidencia de la eficacia de cualquier medida terapéutica que se les proponga antes de comenzar con ella.

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