¡Qué mareo!


Aunque el mareo es un síntoma muy frecuente entre las personas con fibromialgia, existe mucha confusión con este síntoma.

Además del mareo propiamente dicho, otras situaciones como vértigos, hipotensión, confusión mental o inestabilidad son descritas frecuentemente por los pacientes como mareos. Sin embargo, son síntomas diferentes que tienen un origen distinto y, sobre todo, un tratamiento diferente.

El vértigo es un cuadro clínico producido por una alteración de la estructura del oído interno conocida como laberinto. Se origina por un proceso inflamatorio, desencadenado por infecciones víricas o por problemas vasculares. Suele aparecer de forma brusca y resulta muy invalidante porque el paciente tiene la sensación constante de que todo el entorno está girando a su alrededor, incluso cuando permanece echado en la cama. Tiene una duración entre dos y tres semanas, desapareciendo definitivamente a continuación aunque puede volver a aparecer.

Algunos pacientes tienen una tensión arterial demasiado baja que hace que no llegue bien el riego al cerebro, especialmente cuando cambian de postura al levantarse de la cama o de una silla. En este momento se desencadena el episodio de mareo por caída brusca de la tensión arterial –se llama hipotensión ortostática– obligando al paciente a volver a la postura inicial para compensar nuevamente la tensión. Estos episodios suelen aparecer por la mañana, pero en los pacientes tratados con hipotensores es frecuente que ocurran varias veces a cualquier hora del día.

La confusión mental, el embotamiento o la lentitud mental –que ya hemos comentado en otro artículo previo–, se observa con más frecuencia por las mañanas después de levantarse. Algunos pacientes lo confunden con  mareos, porque tienen la sensación de estar flotando y esto les impide realizar sus actividades con normalidad.  Esta sensación desagradable puede durar varias horas por la mañana.

La inestabilidad es la consecuencia de la falta de ejercicio físico regular. Un paciente con mal estado de forma física carece de los mecanismos de control del equilibrio necesarios para realizar una actividad normal. La consecuencia inmediata es que ante un pequeño imprevisto los músculos del equilibrio no son capaces de compensar y el resultado suele ser un desequilibrio, un tropezón o una caída al suelo. Habitualmente el paciente lo explica diciendo que ha tenido un mareo.

Por último, tenemos lo que podemos considerar como verdaderos mareos, que probablemente son una consecuencia directa de la alteración del sistema nervioso autónomo que se observa en la fibromialgia. Suelen acompañarse de síntomas digestivos, como náuseas y vómitos; o síntomas vasculares, como taquicardia o sudoración; o debilidad muscular con temblores, entre lo más habitual.

No hay que olvidar que entre los efectos secundarios de la mayoría de los fármacos la aparición de mareos es también muy frecuente. En un estudio reciente se puso de manifiesto que el porcentaje de pacientes con mareos aumenta conforme se consumen más fármacos de manera que aquellos que toman cuatro o más fármacos llegan a presentar mareos hasta el 60% de ellos ¡Una barbaridad! (lo de los fármacos, se entiende).

A muchos pacientes se les ha dicho que sus mareos son debidos a un problema de artrosis cervical que reduce el riego cerebral. Tengo que decir que no existe ninguna evidencia científica que apoye esta afirmación y, en cualquier caso, si esto fuera así solo ocurriría en aquellos pacientes de edad avanzada con una artrosis cervical muy evolucionada. No suele ser el caso de los pacientes con fibromialgia.

El problema fundamental es el tratamiento, porque todas estas situaciones se tratan de forma distinta, como uno habrá podido adivinar por lo explicado anteriormente.

Sin embargo, algunos fármacos se han convertido en habituales en el tratamiento de los mareos. Me estoy refiriendo a fármacos como los antidopaminérgicos tipo fenotiazinas, domperidona, metoclopramida o sulpirida; antihistamínicos como betahistina, ceterizina,  dimenhidrinato o  meclozina, y benzodiacepinas como el diazepam.  Todos ellos actúan sobre sistema nervioso central y producen múltiples efectos secundarios importantes.

Estos fármacos pueden tener un efecto puntual en las crisis agudas de vértigo y síntomas acompañantes, pero no tienen ningún efecto a largo plazo por lo que se deberían suspender inmediatamente pasado el episodio agudo. Sin embargo, es muy frecuente ver pacientes con fibromialgia que siguen tratamiento ininterrumpido con cualquiera de estos fármacos, incluso durante años.

Cuando una persona con fibromialgia comience con mareos, mi consejo es que trate de averiguar qué tipo de mareo tiene conforme a lo que hemos explicado antes, incluida la posibilidad de que sea debido a un consumo excesivo de fármacos.  Si su médico decide iniciar un tratamiento con fármacos, pídale que lo suspenda en cuanto haya mejorado el cuadro clínico y tenga muy presente que el consumo crónico de fármacos para el mareo empeora otras situaciones a largo plazo.

2 comentarios en “¡Qué mareo!

  1. En mi caso, antes del bloqueo epidural de cervicales,me mareaba al girarme en la cama. Después de la intervención tuve un empeoramiento y me ingresaron tres dias.Un médico me habló de virus y posible meningitis y el que me hizo la intervención también de virus y posible fibromiálgia.
    Antes de la intervención tuve mareos con taquicardia y sudoración. Aún me ocurre y voy con abanico siempre. El dolor de cervicales me provoca mareos sobretodo por el dolor. El dolor me agota. Me pasa de la nuca a la cabeza, ojos y frente. No puedo mirar pantallas ni ver luz. Permanezco quieta sin moverme. Cualquier movimiento por pequeño que sea me hace estar peor. Rigidez. Dolor de manos, brazos, codos.
    El dolor de lumbares a veces es peor. Porque es más incisivo. Si camino más de lo que puedo el nervio ciatico lo noto hasta el pie.
    Mareo de dolor, vertigo bajando escaleras a veces.Mareo por la mañana, neblina y mucho dolor…mi vida es aceptacion constante para no deprimirme más. Cansada de tanta desconfianza…Soy un saco de sintomas. La disnea que tengo es por un soplo cardiaco con insuficiència cardiaca extructural y estenosis…Notaba molestias en el pecho y no era solo la ansiedad…Las plantillas del podologo me han ayudado a caminar mejor Además del bloqueo epidural de lumbares que me hicieron antes del de cervicales…Los ojos, a veces, no puedo enfocar bien. Sobretodo después de un brote. Eso también me marea…Mucha paciencia…

  2. Mi mareo y falta de equilibrio se deben, entre otras causas,  a la hipotensión esencial,  la visión  borrosa a causa de pterigios y sequedad ocular  y una pérdida auditiva del 60% en el oído derecho,  además de por un espantoso dolor producido por Neuromas de Morton bilaterales, que se me reprodujeron varios años después de haber sido operada de ellos, mientras estaba en la creencia de que no volvería a sufrirlos.   Por añadidura, la escoliosis dorso lumbar y la incipiente cifosis tampoco ayudan a mantener mi equilibrio y  cuando la hemicránea se presenta “en todo su esplendor”,  me es imposible ponerme en pié y lo único a lo que puedo aspirar es a permanecer sentada en mi butaca con los ojos a medio cerrar (por cierto, no puedo dormir en mi cama por culpa de la hernia de hiato y voy “descabezando siestitas” de 10 o   15 minutos cada 4 o 5 horas a lo largo del día y la noche, acomodada   en mi butaca, que es cama y refugio a la vez, para intentar un sosiego al dolor que no cesa). 

    Recuerdo que los primeros latigazos de dolor me aparecieron cuando tenía alrededor de 7 años de edad, después de haber estado  hospitalizada durante 13 meses a la edad de 6  años, por una deshidratación severa en 1952.    En aquel   entonces comenzaron los dolores por todo mi cuerpo y los desmayos cuando me tocaban en los puntos dolorosos (los que percibía como si me quemasen con un hierro incandescente).   

    Tardaron una eternidad en diagnosticarme de Fibromialgia, hecho que se produjo en 1994, después de “toda una vida” pasando de un especialista a otro, sin soluciones y sobre dosificada con medicación  inútil  recetada  “con la mejor voluntad” pero “sin el menor  acierto”.

    En la actualidad tengo 73 años y hace más de 18 años que estoy completamente inútil. No puedo salir de casa ni puedo estar de pié más de 10 minutos contados con el reloj en mano. 

    En fin, que no sé si alguna vez descubrirán alguna solución para todo lo que los aquejados de Fibromialgia tenemos que  soportar.  Yo la llevo con toda resignación, ejercitando mucho la  paciencia y con la firme voluntad de no quejarme y permanecer en un silencio auto impuesto para no agobiar ni exasperar a los que me rodean y no entienden lo que me sucede. 

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