Las expectativas que un paciente tiene sobre el tratamiento que hace son fundamentales a la hora de conseguir los mejores resultados; pero las expectativas deben ser, ante todo, reales.

Algunas personas con fibromialgia acuden a la consulta con la esperanza de curar su enfermedad y esto, desgraciadamente, no es posible en la actualidad porque todavía no conocemos bien los mecanismos que la producen y porque no tenemos medidas terapéuticas totalmente eficaces. Así pues, la expectativa de una persona con fibromialgia debe ser mejorar su situación para conseguir la mejor calidad de vida posible.

No estoy diciendo nada raro; esto le ocurre a cualquier persona con una enfermedad crónica que tampoco pueden curarse pero convive con la enfermedad haciendo una vida normal. Ahí están los pacientes con diabetes, hipertensión, artritis reumatoide, cardiopatía isquémica o psoriasis, por poner solo algunos ejemplos, capaces de hacer una vida completamente normal aunque tengan que seguir un tratamiento.

El primer paso consiste en tener una buena información, tanto de lo que hay que hacer como de lo que no debe hacerse porque empeora la situación; un paciente bien informado tiene siempre un pronóstico mejor. Además, así se pueden evitar los numerosos bulos que corren sobre los tratamientos milagrosos en la fibromialgia.

Muchos pacientes enfocan su tratamiento exclusivamente en tomar fármacos, pero tienen que saber que así solo mejoran la intensidad de algunos síntomas y pueden empeorar otros o incluso causar la aparición de alguno más. Por tanto, es imprescindible valorar bien el tipo de fármaco que vamos a dar, la dosis, la duración o las interacciones entre ellos para no empeorar la situación. Ya hemos hablado en otros artículos de la polimedicación, de algunos fármacos prohibidos y de los llamados fármacos inofensivos -que no existen- como causas de agravamiento de la situación.

Para obtener una buena calidad de vida las personas con fibromialgia tienen que hacer más cosas que tomar fármacos. El ejercicio físico aeróbico –es decir, realizando esfuerzo– ha demostrado en muchos estudios que es la medida terapéutica más eficaz para el tratamiento de la fibromialgia, mucho más eficaz que los fármacos. El ejercicio físico debe hacerse diariamente y no creer que es suficiente con un día a la semana, un mes al año o solo en periodos de vacaciones, como piensan muchas personas. El ejercicio físico debe considerase como un hábito higiénico que se realiza todos los días.

No nos cansaremos de repetir que las terapias psicológicas ayudan a gestionar bien muchos aspectos de la vida. En la fibromialgia, donde las emociones, el estrés o determinadas situaciones personales juegan un papel decisivo, es importante gestionarlas de la mejor manera posible para que no agraven la situación. Los psicólogos clínicos consiguen entrenar bien a los pacientes para afrontar correctamente estos aspectos.

Algunas terapias alternativas pueden tener efectos beneficiosos. Aquí, me gustaría insistir en que antes de comenzar con cualquiera de ellas que se informen bien y que se fíen solo de aquellas que se apoyan en una buena evidencia científica sobre su eficacia. De esta forma evitaremos caer en los bulos que rodean a la fibromialgia, que son muchos.

Por último, no se puede pretender estar bien si existen otros aspectos que perjudican la salud. Me refiero a las dietas desequilibradas –por exceso o por defecto de cualquier producto–, el sobrepeso, el sedentarismo, los hábitos como el tabaco o el consumo de alcohol o el estrés excesivo y descontrolado de la vida diaria.

Soy consciente de las numerosas dificultades que tiene poner en marcha todas esta medidas pero, créanme, no existen en la actualidad otras posibilidades mejores para controlar esta enfermedad.