Los dolores

Un síntoma como el dolor, que lo habremos tenido en alguna ocasión todos los seres humanos -o casi todos, porque siempre hay excepciones-, sigue siendo todavía un gran desconocido.

Cada dolor es distinto a otro, dando la impresión que hay miles de dolores. Así, está el dolor de cabeza, de muelas, la neuralgia del trigémino, el dolor del pecho, el del cuello, la contractura de trapecios, el hombro doloroso, el codo de tenista, los nódulos artrósicos, el del infarto de miocardio, el dolor de estómago, el de tripas, el cólico renal, el dolor de las reglas, la lumbalgia, la trocanteritis, el de las rodillas o los múltiples dolores que pueden aparecer en los pies, sin olvidarnos de aquellos que tienen un origen traumático por heridas, quemaduras, fracturas, etc.

Sin embargo, a pesar de que todos esos dolores parecen distintos, comparten una serie de cosas en común que nos pueden ayudar a entender mejor cómo funciona este síntoma.

La primera característica en común de todos los dolores es que, independientemente de dónde se hayan originado, se sienten en el cerebro. Esto se debe a que nuestro propio cerebro es el que elabora el síntoma dolor utilizando la información que le llega de cualquier estructura de nuestro cuerpo, da igual de donde venga.

Por eso, si alguna vez te dicen que tu dolor está en tu cerebro, en tu mente o en tu cabeza, diles que sí, que tienen razón, que efectivamente es ahí dónde se fabrica el dolor, y trata de pasar a cosas más prácticas como ver qué solución tiene en lugar de perder más tiempo sobre dónde puede estar el dolor.

Según cómo se origine el dolor lo clasificamos en tres tipos: nociceptivo, neuropático y de origen central.

El dolor nociceptivo se origina en unas estructuras periféricas llamadas receptores. Cuando se produce una estimulación de estos receptores debido a una agresión de cualquier tipo, las vías nerviosas periféricas llevan hasta los centros cerebrales específicos la información para que el cerebro elabore la sensación de dolor. Este es un dolor localizado en la estructura afectada, que es precisamente la que duele y no otra. Algunos ejemplos de este tipo de dolor son los esguinces, la inflamación, artrosis, úlceras, infarto o contracturas.

El dolor neuropático se origina en las vías periféricas, es decir, los nervios por los que va el dolor, y ocurre cuando sufren algún tipo de daño. Este dolor no es tan localizado como el anterior y afecta a todo el territorio del nervio afectado. Es el dolor de la neuralgia del trigémino, túnel carpiano, herpes zoster, ciática o polineuropatías.

En el dolor de origen central la alteración está en los núcleos cerebrales que elaboran el dolor, y es un dolor difuso, generalizado, mal definido y que se acompaña de otros síntomas igualmente difusos como el cansancio, las alteraciones del sueño o del estado de ánimo.

La importancia de esta clasificación está en que cada tipo de dolor se trata de una forma diferente y hay que conocerla bien para elegir correctamente el tratamiento y no equivocarnos.

Los analgésicos sencillos, como paracetamol o metamizol, y los antinflamatorios son los fármacos de elección en el dolor nociceptivo. En casos de dolor agudo intenso, los opioides mayores y también el tramadol pueden estar indicados durante espacios cortos de tiempo.

Fármacos como pregabalina o gabapentina, son los más indicados para controlar el dolor neuropático y deben ser los de primera elección en este tipo de dolor.

Los fármacos sobre sistema nervioso central, especialmente los antidepresivos, están indicados para el dolor de origen central. En este tipo de dolor los fármacos analgésicos o el tramadol son de utilidad dudosa y los antinflamatorios y opioides mayores están contraindicados.

Esta información es preciso conocerla porque tratar un dolor de rodillas con pregabalina o antidepresivos; o un dolor neuropático como la ciática con opioides mayores; o un dolor difuso como en la fibromialgia con antinflamatorios, opioides mayores o corticoides, son errores que perjudican al paciente.

Los opioides mayores, y también los menores como el tramadol, están comercializados desde hace tiempo para dolores de cualquier tipo. Sin embargo, estudios recientes muestran que el efecto analgésico que producen es bastante parecido al de los analgésicos simples, pero los efectos secundarios son tan importantes a largo plazo que no compensan el posible efecto beneficioso.

No obstante, el tratamiento debe ser siempre individualizado y ajustado en todo momento a las necesidades de cada paciente. Aunque esta clasificación nos ayuda a entender y tratar mejor el dolor, es frecuente que en una misma persona exista una combinación de estos tres tipos de dolor y, además, que haya otros síntomas asociados que requieran tratamientos combinados.

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