Cáncer y fibromialgia a la vez



Muchos de los artículos de este blog me los sugieren los pacientes que atiendo en la consulta cuando me cuentan las características que rodean a su enfermedad, la evolución que han seguido los síntomas que presentan o las dudas que tienen.

En muchas ocasiones, me entristece comprobar que parte del sufrimiento podría haberse evitado si previamente se hubieran tenido en cuenta ciertos aspectos de la enfermedad y se hubieran iniciado algunas acciones encaminadas a evitar las complicaciones más comunes.

En la consulta diaria, con frecuencia veo a personas con la asociación de cáncer y fibromialgia y, como cualquier otra asociación de enfermedades, se acompaña también de mayores dificultades para el tratamiento adecuado del paciente.

Básicamente, atiendo a dos tipos diferentes de pacientes con esta asociación:

      a) pacientes con fibromialgia ya diagnosticada, que con el paso               del tiempo han desarrollado cáncer.

      b) y aquellas otras, que comienzan con los síntomas de fibromialgia después de haber sido diagnosticadas de cáncer.

En lo que respecta al primer grupo de pacientes, lo primero que hay que decir es que se desconoce la frecuencia de pacientes con fibromialgia -en comparación con otras enfermedades- que desarrollan cáncer a lo largo de su vida, porque no existen estudios a largo plazo que nos permitan conocer este dato.

Sabemos que los pacientes con fibromialgia y síndrome de fatiga crónica/encefalitis miálgica tienen un cierto grado de depresión inmunitaria que favorece la aparición de algunas infecciones por lo que se podría pensar que pudieran tener también una mayor predisposición a padecer cáncer. Sin embargo, aunque el cáncer puede desarrollarse en pacientes con un sistema inmunitario alterado, el grado de inmunodepresión para predisponer al cáncer parece que debe ser más grave que el que tienen estos pacientes.

Como dato indirecto, sabemos por los estudios sobre las causas de muerte en los pacientes con fibromialgia que la presencia de cáncer es significativamente menor que en el resto de la población, lo que sugiere de forma indirecta que la frecuencia de desarrollar cáncer en un paciente con fibromialgia debe ser también menor que entre la población general.

En estas pacientes, como es lógico, siempre se da prioridad al problema oncológico y a su tratamiento, y la fibromialgia muchas veces pasa desapercibida. Evidentemente, esto no debería ser así y dentro del tratamiento oncológico también se debería tener en cuenta esta posibilidad para mejorar la situación general del paciente.

El segundo grupo de pacientes que atiendo en la consulta lo constituyen aquellas mujeres que comienzan por primera vez con síntomas de fibromialgia después de haber sido diagnosticadas de cáncer.

Sin conocer el porcentaje exacto de pacientes oncológicos a las que les ocurre esto -porque tampoco existen estudios al respecto-, en mi experiencia personal esta asociación la veo con una cierta frecuencia una vez que la paciente ha finalizado con todo lo referente al tratamiento del cáncer y se encuentra ya en la etapa de las revisiones periódicas que se les hace para asegurar que el tratamiento ha tenido éxito y el cáncer ya no debería dar problemas.

Sin embargo, algunas pacientes comienzan entonces con cansancio, malestar, alteraciones del sueño, ansiedad, depresión y una mala calidad de vida, síntomas todos ellos claramente compatibles con una fibromialgia.

En muchas ocasiones, el oncólogo se ve obligado a seguir buscando una posible diseminación del cáncer hacia otros órganos para explicar la mala situación del paciente y comienza con nuevas exploraciones y análisis alargando el estrés y la incertidumbre del paciente.

Si se hubiera tenido en cuenta la posibilidad de que la paciente hubiera desarrollado una fibromialgia y que los síntomas pudieran estar en este contexto, y no como una manifestación más del cáncer, se habrían evitado muchas dudas y alguna de sus consecuencias negativas.

Así pues, establecer el diagnóstico de fibromialgia como comorbilidad asociada en un paciente oncológico siempre es importante porque nos ofrece una nueva visión de lo que le ocurre al enfermo y, además, porque al tratarla se evitan otros tratamientos y exploraciones innecesarios potencialmente más perjudiciales.

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