Los grandes problemas también tienen una parte positiva y es que hacen avanzar rápidamente muchas cosas que de otra forma evolucionarían más lentamente.

No tendría que haber un problema para mejorar una situación determinada, sino que se debería poner en marcha antes precisamente para evitar que apareciese el problema. En cuestiones de salud, a esto se le llama medicina preventiva, la mejor medicina que podemos hacer y que, desgraciadamente, es la que no se hace porque esperamos siempre a que aparezca el problema.

Aunque la telemedicina es algo que ya se venía haciendo desde hace algún tiempo, ha tenido que venir la Covid-19 para ver lo útil que puede resultar.

Antes, una consulta normal, por ejemplo, en mi centro, discurría de la siguiente forma: el paciente acudía a la consulta el día de la cita, se le veía y se solicitaban análisis, radiografías y una nueva consulta para ver resultados. Acudía a hacerse los análisis unos días más tarde, otro día a las radiografías o pruebas similares y por último otro día a la consulta de resultados. Total, cuatro vistas al centro sanitario por el mismo problema.

En la actualidad, el paciente es atendido por medio de una consulta telefónica. Si la situación es estable, como ocurre en muchas ocasiones, se ajusta el tratamiento y no se le vuelve a citar hasta la próxima revisión. Total, cero visitas al centro sanitario.

Si en la llamada telefónica detectamos que hay que explorar al paciente y pedir análisis o exploraciones complementarias, se cita al paciente un solo día para hacer la exploración, los análisis, las radiografías, iniciar el tratamiento y se le dan los resultados definitivos por teléfono unos días más tarde. Total, una visita al centro sanitario.

Ya sé que muchos pensarán que esto es casi una utopía, imposible de realizar en un centro sanitario en el momento actual o en cualquier otra situación. Sin embargo, el mejor ejemplo de que se puede hacer es nuestro centro, un centro de la red pública sanitaria, donde esto que les estoy contando lo hacemos a diario.

En mi opinión, esta nueva manera de relacionarnos con los pacientes tiene varias ventajas. La primera –y es el motivo por el que se está desarrollando tan deprisa la consulta telefónica–, evitamos al paciente las visitas al centro sanitario, un entorno peligroso para la transmisión y propagación de la epidemia de Covid-19 y también de otras infecciones que se cogen fácilmente en el medio hospitalario. Para su información, el porcentaje del personal sanitario contagiado por el coronavirus ha sido muy alto (20%) durante la primera ola de la infección, por lo que evitar el contacto con el medio sanitario disminuye claramente el riesgo.

Por otra parte, reducir el número de visitas redunda en una mayor comodidad para el paciente. Pensemos en el beneficio que les supone a las personas mayores, las que tienen dificultades para el desplazamiento o aquellas otras que viven lejos del centro y que tienen que emplear tiempo, esfuerzo y medios económicos, o depender de familiares para que les acompañen.

En relación con la calidad de la asistencia sanitaria prestada a través de una consulta telefónica, no debe suponer ningún perjuicio para el paciente que va a ser escuchado del mismo modo, y cuando exista alguna duda se le citará en persona para resolverla.

Para los médicos, les diré que esto supone un mayor número de consultas diarias, porque hay que llamar varias veces al paciente hasta terminar poniendo el tratamiento definitivo. Sin embargo, se trabaja de una forma más ordenada y metódica, lo que se traduce en una mayor eficiencia de nuestro tiempo y por tanto una mejor calidad de la asistencia sanitaria prestada.

De cara al futuro, hay que tener muy claro que la consulta telefónica y otras medidas de medicina telemática se van a ir imponiendo cada vez más. A ver si conseguimos entre todos que los centros sanitarios se conviertan en lugares donde se trabaje con tranquilidad y eficiencia, en vez de la imagen que vemos en la actualidad de pacientes abarrotando los pasillos y las salas de espera, y sanitarios corriendo de un sitio a otro para poder atender todas las necesidades y hacer dignamente su trabajo.

¡Ah! Y no sirve decir que a los pacientes hay que verlos como siempre. Nunca antes habíamos vivido una pandemia como esta y debemos adaptarnos lo más rápidamente posible a la situación actual y aprender para el futuro.