Evolución del síndrome post COVID

Después de más de dos años de pandemia los conocimientos sobre el síndrome post COVID han ido avanzando y en la actualidad tenemos ya más respuestas que dar a este importante problema sanitario.

Tras los múltiples nombres que inicialmente se dieron a este síndrome, como long COVID o long haul COVID o COVID persistente, en estos momentos está afianzándose el de síndrome post COVID propuesto por la OMS y dejando atrás otros términos menos descriptivos pero más sonoros. Independientemente de que sea mejor o peor que otros nombres, lo importante es que todos utilicemos una terminología única para hablar de la misma enfermedad.

El post COVID es un síndrome post infeccioso que aparece después de la infección por el coronavirus SARS-COV-2. Inicialmente, debido a la alta frecuencia con la que aparecía y a la gravedad de los síntomas que presentaban los pacientes pensamos que estábamos ante una nueva enfermedad y no sabíamos cómo abordarla ni tampoco cuáles podrían ser sus consecuencias.

Debido a que la primera ola de COVID fue especialmente grave entre la población, lo primero que pensamos es que la infección dejaba una serie de secuelas permanentes en los órganos y que éstas eran las responsables de los síntomas. Sin embargo, pronto nos dimos cuenta de que el post COVID aparecía tanto en pacientes que habían tenido una infección grave como en aquellos otros con infecciones mucho más leves por lo que la hipótesis de que podrían ser secuelas permanentes de la infección solo podría aplicarse en algunos casos, pero no a la mayoría de los pacientes.

Existen cuadros clínicos similares después de pasar otras enfermedades infecciosas, como los que ocurren después de una polio, una enfermedad de Lyme, una infección por el virus de Epstein Barr, entre las más conocidas. Con algunas excepciones, son cuadros leves en intensidad que mejoran después de unas pocas semanas.

Sin embargo, en los casos de COVID el cuadro es más intenso y mucho más duradero sugiriendo que otros mecanismos patogénicos como la persistencia del virus en el organismo o una reacción autoinmune desencadenada por el propio virus pudieran estar en la base de este cuadro. También es cierto que el SARS-COV-2 es un virus nuevo en la patología humana con el que nunca antes nos habíamos enfrentado y por tanto no sabíamos nada acerca de su comportamiento ni de las manifestaciones clínicas. Este aspecto también contribuyó a desorientarnos profundamente y a sobrevalorar sus consecuencias.

Debido al parecido de los síntomas del post COVID con la fibromialgia y el síndrome de fatiga crónica, también pensamos que podría tratarse de un problema similar. Pero los estudios realizados por nuestro grupo muestran que se trata de procesos distintos.

Últimamente, han aparecido varios artículos científicos después de más de un año de seguimiento de pacientes con post COVID, donde se comprueba cómo va disminuyendo la sintomatología de los pacientes hasta la recuperación completa en muchos de ellos. Nuevamente, el COVID nos vuelve a sorprender por la larga duración de los síntomas, pero, por otro lado, podemos comprobar que su comportamiento es muy parecido al de otros síndromes post infecciosos desapareciendo en muchos de los pacientes.

También existe un estudio reciente donde comparan el post COVID en pacientes infectados por la cepa omicron(cepa predominante en la actualidad) frente a los infectados por la cepa delta. Los resultados son muy esperanzadores pues, aunque la cepa ómicron infecta con más facilidad, las consecuencias en la fase de post COVID son exactamente la mitad de lo que veíamos con la cepa anterior (4,5% frente a 10,8% de los pacientes desarrollan post COVID).

Todos estos datos despejan el sombrío horizonte inicial del síndrome post COVID y van dejando un panorama más suave y mucho más esperanzador.

 

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