Vacunación en la fibromialgia y síndrome de fatiga crónica

Se está acercando el momento de la vacunación frente a la COVID-19 y, como ha ocurrido con otros aspectos que rodean a esta pandemia, vuelven a aparecer dudas propiciadas por una mala y desconcertante información.

Los pacientes con fibromialgia y otros síndromes de sensibilización central como el síndrome de fatiga crónica, me preguntan por la conveniencia de vacunarse por las posibles consecuencias que pudiera tener para su salud.

Lo primero que me gustaría dejar claro es que siempre es preferible vacunarse, porque las consecuencias de una infección por coronavirus son mucho más graves que los posibles inconvenientes de las vacunas, y no solo para el paciente que sufre la infección sino también para todas las personas que le rodean.

Sólo por esto, no deberíamos hacer otro tipo de consideraciones, pero voy a intentar aclarar algunas dudas frecuentes para mayor tranquilidad.

Los pacientes con fibromialgia o síndrome de fatiga crónica no tienen un riesgo aumentado de sufrir la COVID-19, ni por la enfermedad que padecen ni por los tratamientos que siguen. La inmunodepresión que sufren algunos de estos pacientes no es de la suficiente gravedad como para considerarlos como grupo de riesgo, y los fármacos recomendados para su tratamiento no producen inmunodepresión. Por tanto, no constituyen un grupo prioritario de vacunación y recibirán la vacuna cuando les corresponda siguiendo los criterios establecidos por las autoridades sanitarias.

La eficacia de las vacunas aprobadas hasta la actualidad es muy similar para todas y las pequeñas diferencias detectadas entre ellas se desconoce si acaso pudieran tener alguna ventaja en los pacientes con más dificultades para crear anticuerpos, bien por la edad o por tener una inmunodepresión más grave.

En cuanto a los efectos secundarios de las vacunas detectados en los ensayos clínicos, hay que decir que son similares para todas ellas, son de pequeña importancia y tienen una duración muy breve por lo que no estaría justificado desde este punto de vista el hecho de no vacunarse.

Las mayores dudas han surgido con respecto a la vacuna de Astra-Zeneca, que se ha convertido en el mejor ejemplo de la mala información de la que hablábamos antes.

La limitación a los menores de 55 años que se impuso a esta vacuna desde el principio no fue debida a la presencia de mayores efectos secundarios, sino a que no hay evidencia de cómo funciona en las personas de más edad ya que no formaron parte de los ensayos clínicos para su desarrollo.

En los últimos días se han comunicado algunos casos de trombosis venosa en personas que habían recibido esta vacuna, pero antes de disponer de un buen análisis de lo que realmente está ocurriendo – a esto se le llama evidencia científica– las autoridades sanitarias de algunos países han decidido suspender la administración de esta vacuna produciendo un efecto dominó en otros países que también la han suspendido.

Creo que habría que esperar al informe de la OMS sobre la veracidad de estas complicaciones antes de tomar tales decisiones, aunque solo fuera por no alarmar a las personas que ya han recibido esta vacuna, que en España son ya 1,5 millones.  

La limitación en el número de unidades de vacunas que está llegando a nuestros centros de vacunación hace bastante difícil que se pueda elegir personalmente uno u otro tipo de vacuna. Sin embargo, el retraso en la vacunación que se puede producir en espera de recibir la vacuna deseada prolongaría innecesariamente el riesgo de infectarse por el coronavirus y, en mi opinión, es un riesgo que no debería asumirse.

Llevamos utilizando vacunas desde hace más de 50 años. A nuestros hijos, siguiendo los diferentes calendarios vacunales de las comunidades autónomas, se les ponen entre 10 y 15 vacunas a lo largo de su infancia y adolescencia;  a la mayoría de las personas de más edad las vacunamos todos los años frente a la gripe y también del neumococo;  cada año se proponen nuevas vacunas, como las más recientes frente al papiloma virus en los jóvenes o frente al virus del herpes zóster, y podríamos seguir poniendo ejemplos de múltiples vacunas en desarrollo para erradicar enfermedades infecciosas de todo tipo que producen una gran mortandad entre las poblaciones.

Las vacunas frente al coronavirus son como cualquiera de las vacunas mencionadas anteriormente y no existe ninguna necesidad de la publicidad sensacionalista que hacen los medios de comunicación ante cualquier noticia referente a estas vacunas ya que la gran mayoría de las veces carecen del más mínimo rigor científico.

La mejor noticia que se puede dar sobre las vacunas frente al coronavirus es que están salvando numerosas vidas y, desgraciadamente, esta noticia apenas se escucha en los medios de comunicación que priorizan las noticias con poco fundamento y de mala calidad, pero más mediáticas.

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4 Comentarios

  1. Araceli Serrano

    Hay enfermos de EM/SFC con una inmunodepresión muy grave, recluidos en su casa, por supuesto desde el comienzo de la Covid, pero prácticamente siempre, pues cada vez que salían volvían con una infección. No se puede generalizar.
    Esperamos tener información para estos casos, pues está claro que necesitan salir al menos a una consulta, revisión ginecóloga, odontología en caso de infección dental, etc.

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    • Dr. Javier Rivera

      Hasta ahora, no hay ninguna información para estos pacientes desde el Ministerio de Sanidad.
      En cuanto disponga de esa información específica la publicaré en este medio y en las redes sociales.
      Saludos

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    • Estrella Felipe Gomez

      Pero entonces,por lo que he leído,la fibromialgia si es una enfermedad del cerebro y que por eso llega la inflamación, por que atraviesan la barrera encefálica,y como es que el neurologo me da el Alta y me dice que la fibromialgia no es competencia suya???

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      • Dr. Javier Rivera

        Las enfermedades no son de ningún especialista en concreto. Son de aquel médico que las conozca mejor y que más pueda hacer por el paciente.

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