Embarazo en la fibromialgia

Cada vez es más frecuente atender a mujeres con fibromialgia que se plantean la duda de quedarse embarazadas y nos piden consejo sobre esto. Este aumento en la frecuencia probablemente es debido a que esta enfermedad se diagnostica cada vez más en mujeres jóvenes y también porque los embarazos se retrasan más en el tiempo por lo que la fibromialgia y la maternidad coinciden más frecuentemente.

En estas ocasiones siempre les digo a estas mujeres que si están pensando en un embarazo, la fibromialgia no debe ser un impedimento para conseguirlo. Si se hace un buen planteamiento terapéutico de la enfermedad durante el embarazo, el beneficio que para la mujer supone tener un bebé es superior a los inconvenientes que puede ocasionar un embarazo.

Lo primero que hay que dejar claro es que la fibromialgia es compatible con el embarazo y que no aumenta el riesgo para la madre ni tampoco aumenta la frecuencia de malformaciones para el feto. No es una enfermedad que impida tener hijos y tampoco se transmite al bebé durante el embarazo. No obstante, conviene aclarar algunos aspectos para que el embarazo discurra de la forma más natural posible.

En general, durante el embarazo se produce una mejoría de los síntomas de la fibromialgia, probablemente debida al equilibrio hormonal que se produce en la gestación. Después del parto la situación de sobrecarga, especialmente en las madres primerizas, puede agravar algunos síntomas de la fibromialgia, por lo que en esta etapa es imprescindible que la mujer pueda compartir con su pareja los primeros meses del cuidado del bebé, que son los más intensos.

El consumo de la medicación es la parte más delicada de manejar, porque no existe una buena evidencia científica sobre qué medicamentos son los más seguros durante el embarazo. Por cuestiones éticas no hay ensayos clínicos sobre medicamentos en mujeres embarazadas, y toda la información disponible se deriva de estudios de casos y series de mujeres que han consumido algunos medicamentos durante el embarazo. Aunque no sea la mejor evidencia científica, es la única disponible y nos sirve por lo menos para poder aconsejar a la paciente.

No es conveniente suspender la medicación desde que la mujer decide quedarse embarazada porque como no se sabe el tiempo que va tardar en conseguir el embarazo la probabilidad de un empeoramiento de la fibromialgia aumenta. Cuando se confirma el embarazo, es cuando se debe valorar el uso de los fármacos y si es conveniente suspender el tratamiento.

Como dije antes, los síntomas mejoran durante el embarazo y se puede plantear una supresión de la medicación.  Pero debe hacerse con precaución, lentamente y bajo vigilancia médica para que no se produzca un brote de la enfermedad. Muchas mujeres llegan a suspender toda la medicación durante el embarazo sin demasiadas consecuencias, por lo que se convierte en un objetivo posible.

Si hay que continuar con los fármacos, es conveniente que se reduzcan al menor número posible y prescindir de aquellos sobre los que hay menos información o sobre aquellos otros que están claramente contraindicados.

Los antidepresivos son los fármacos que mejor pueden controlar los síntomas de la fibromialgia con un mayor margen de seguridad durante el embarazo. Es conveniente utilizarlos solos, sin asociarlos a otros fármacos. La sertralina, la fluoxetina o el escitalopram, son los antidepresivos con los que existe una mayor experiencia y son los que podrían utilizarse en caso necesario. Con la duloxetina, la venlafaxina y el bupropion, hay menos experiencia y requieren una mayor vigilancia. La paroxetina, los IMAO y la amitriptilina deben ser evitados, especialmente el primero por la asociación con problemas cardíacos fetales.

Como consecuencia de los antidepresivos que está tomando la madre, en el momento del nacimiento el bebé puede mostrar una cierta irritabilidad, llanto fácil, temblor leve y en algunos casos leves problemas respiratorios. No hay que preocuparse por ello porque estos síntomas suelen ser leves y pasajeros.

Durante el periodo de lactancia, también se pueden utilizar los antidepresivos porque pasan a la leche materna en bajas proporciones y tienen un gran margen de seguridad. En aquellas madres lactantes que sea necesario continuar el tratamiento con antidepresivos, se recomienda utilizar la sertralina, escitalopram o paroxetina (más segura que durante el embarazo), y es preferible prescindir del resto de antidepresivos. Generalmente no producen efectos secundarios para el bebé, pero cuando aparece somnolencia, irritabilidad o dificultad para alimentarse conviene consultar con el pediatra, y el reumatólogo debería valorar un cambio de tratamiento.

En cuanto a los analgésicos, el que mayor margen de seguridad presenta, tanto para la madre como para el feto, es el paracetamol. Los antinflamatorios no deben utilizarse (especialmente en el tercer trimestre del embarazo) salvo en casos concretos y durante periodos cortos de tiempo. Para mejorar el dolor en la fibromialgia siempre es preferible utilizar paracetamol porque el efecto analgésico es bueno y tiene menos efectos secundarios que los antinflamatorios.

La pregabalina y la gabapentina, frecuentemente utilizadas para el tratamiento de la fibromialgia, no son seguras y pueden producir malformaciones fetales por lo que es conveniente retirarlas del tratamiento. Cuando haya que suspender estos fármacos en la mujer embarazada, no se debe olvidar que hay que hacerlo lentamente.

Algunos fármacos como las benzodiacepinas y los opioides están totalmente desaconsejados, tanto durante el embarazo como en la lactancia. El efecto secundario más grave que pueden ocasionar es la depresión respiratoria en el bebé.

Durante el embarazo, la lactancia y cuando el bebé va creciendo, no deben descuidarse otras medidas terapéuticas como el ejercicio físico regular, la dieta adecuada, el control del peso, la fisioterapia o las técnicas de relajación que ayudan a mantener en todo momento el mejor estado posible de bienestar en la mujer, porque con ello vamos a asegurar también un menor consumo de fármacos.

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