Deprescripción de fármacos en la fibromialgia

Todos los días atiendo a pacientes con fibromialgia que acuden a mi consulta refiriendo lo mal que se encuentran, el dolor que no mejora, el intenso cansancio con el que viven continuamente, lo mal que duermen o el pésimo estado de ánimo que tienen. Desgraciadamente, esta situación es bastante frecuente entre los pacientes con fibromialgia.

Sin embargo, cuando veo el tratamiento que llevan, muchos de ellos están siendo tratados con dos o más benzodiazepinas (diazepam, alprazolam, lorazepam, …), antinflamatorios diversos a demanda (desketoprofeno, etoricoxib, naproxeno, …), analgésicos variados (paracetamol, ibuprofeno, metamizol, …), fármacos para dormir (zolpidem, melatonina, …), antidepresivos (en muchos casos dos a la vez, y a dosis elevadas), anticonvulsivantes (pregabalina, gabapentina, lamotrigina, …) y cada vez con más frecuencia, los tan temidos opioides (tapentadol, fentanilo, oxicodona, buprenorfina …).

Tampoco hay que olvidarse de los fármacos como los protectores de estómago (omeprazol, lansoprazol, …), anti-vómitos (metoclopramida), contra los mareos (betahistina) o los antihistamínicos (ebastina, bilastina, …), que también son muy frecuentes y que se dan en realidad para tratar los efectos secundarios producidos por los otros fármacos.

Cuando veo esta ristra de fármacos siempre le pregunto al paciente: “Con tantos fármacos que toma, se encontrará usted perfectamente, ¿no?”. La respuesta, sorprendentemente, es negativa y el paciente, a pesar de todo lo que toma, siguen refiriendo encontrarse mal. Esta situación, bastante frecuente, por cierto, ha llevado a plantearme si nos estamos equivocando en el tratamiento farmacológico de estos pacientes.

Hace poco tiempo, cuando analicé el archivo de más de mil pacientes tratados en mi consulta a lo largo de los últimos años, comprobé que cuando se suspende un fármaco como los opioides los pacientes también reducen el consumo de otros fármacos como, por ejemplo, las benzodiacepinas. Los pacientes que suspendieron los opioides no empeoraron de sus síntomas, especialmente del dolor, sugiriendo que estos fármacos no estaban haciendo el efecto para el que se los había dado.

Todo esto que acabo de contar me lleva a la conclusión de que debemos cambiar el modelo de tratamiento de los pacientes con fibromialgia. Que atiborrar al paciente con fármacos no mejora su situación y que, en lugar de prescribir más fármacos, a mayores dosis o dar fármacos más potentes cada vez que vienen a nuestras consultas refiriendo encontrarse mal, hay que valorar detenidamente el beneficio que le están aportando los fármacos y suprimir todos aquellos que nos planteen dudas sobre su efiacia.

Creo que el nuevo modelo de tratamiento de la fibromialgia debería ser reducir fármacos en lo posible, es decir, deprescribir, en lugar de lo contrario que es lo que habitualmente se hace. Esto requiere, por parte de los médicos, una evaluación minuciosa de lo que toman sus pacientes; y por parte del paciente, que tome conciencia de que los fármacos no le van a curar la enfermedad y que hay que evitar el consumo indiscriminado por los posibles efectos negativos que pueden tener sobre sus síntomas y su salud en general.

Soy consciente de lo difícil que puede resultar esta nueva estrategia que planteo, pero creo que es necesaria a tenor de los pobres resultados que se consiguen en el tratamiento farmacológico actual de los pacientes con fibromialgia.

También te puede interesar…

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *