Inflamación crónica de bajo grado

Los procesos inflamatorios constituyen la primera línea de defensa frente a las agresiones externas a nuestro organismo, bien sean de origen infeccioso, traumático o de otra índole. También actúan en procesos internos de nuestro organismo ante una respuesta anormal o desproporcionada de algún sistema, como por ejemplo el sistema inmunológico, el digestivo o el ginecológico.

Básicamente, un proceso inflamatorio trata de restablecer el equilibrio perdido por medio de una respuesta rápida, equilibrada a la magnitud de la agresión y autolimitada en el tiempo para que resulte eficiente. Cualquier respuesta fuera de estas características es perjudicial y puede ocasionar consecuencias negativas para el organismo.

La inflamación crónica de bajo grado es precisamente una de estas alteraciones de la respuesta inflamatoria, donde se produce una inflamación de escasa magnitud, pero prolongada en el tiempo ocasionando una serie de daños en nuestros órganos.

En la actualidad sabemos que este proceso inflamatorio de bajo grado constituye la base fisiopatológica de varias enfermedades y situaciones adversas. Veamos algunas de ellas.

En varias enfermedades reumatológicas como la artritis reumatoide, las espondiloartopatías, la artropatía psoriásica o el lupus eritematoso sistémico, con los tratamientos actuales se consigue controlar bien los parámetros de inflamación e incluso alguna de las alteraciones inmunológicas fundamentales y entonces se considera que la enfermedad está en remisión. Sin embargo, cuando preguntamos al paciente cómo se encuentra después de haber alcanzado la remisión, muchos de ellos continúan con dolor, cansancio intenso y malestar general poniendo de manifiesto que con el tratamiento no se ha alcanzado la curación.

En las enfermedades inflamatorias intestinales, como la enfermedad de Crohn o la colitis ulcerosa, ocurre exactamente lo mismo y algunos pacientes siguen presentando síntomas a pesar de tener controlada la enfermedad con el tratamiento.

En la fibromialgia y en la encefalomielitis miálgica (síndrome de fatiga crónica) cada vez existen más datos de que existe un proceso de neuroinflamación responsable de las manifestaciones clínicas de estos pacientes que se considera como una inflamación crónica de bajo grado.

Los niveles séricos elevados de ácido úrico -aunque no produzcan episodios de gota-, las elevaciones del colesterol o de los triglicéridos, los niveles elevados de glucemia -sin llegar a constituir una diabetes-, o las alteraciones hormonales metabólicas que se producen en la obesidad, se ha comprobado que ocasionan un estado de inflamación de bajo grado que conduce a un deterioro acelerado del sistema cardio vascular con un aumento de sus nefastas consecuencias.

El envejecimiento precoz que ocurre en algunas personas también se ha relacionado con este proceso de inflamación crónica de bajo grado que afecta a múltiples estructuras del organismo produciendo un deterioro acelerado. A esta asociación entre envejecimiento e inflamación de bajo grado se le ha puesto incluso un nombre propio: Inflammaging, por la combinación de los dos términos en inglés que hacen referencia a la combinación entre inflamación y  envejecimiento.

El consumo de tabaco o alcohol, el estrés y la falta de sueño, el sedentarismo, la obesidad, los alimentos ultraprocesados, los tóxicos ambientales, el consumo excesivo de grasas saturadas o el exceso de consumo de azúcar, son alguno de los factores que se ha comprobado que favorecen los procesos de inflamación de bajo grado.

Todavía no existen biomarcadores que nos permitan diagnosticar y evaluar la inflamación de bajo grado y los parámetros de los análisis de laboratorio que utilizamos habitualmente para medir la inflamación son normales en este proceso.

Tampoco existe un tratamiento farmacológico que resuelva esta situación. Los antinflamatorios que utilizamos habitualmente no sirven para controlar este proceso, y no se recomiendan por sus efectos secundarios a largo plazo. En el caso de las enfermedades reumáticas, forzar la dosis de los tratamientos utilizados para conseguir la remisión de la enfermedad tampoco consigue mejorar la situación y los graves efectos secundarios asociados desaconsejan utilizar altas dosis.

En el caso de la fibromialgia y la encefalomielitis miálgica, sabemos que algunos fármacos que actúan sobre sistema nervioso central consiguen mejorar la situación, pero tampoco la curan y los síntomas persisten con frecuencia a lo largo del tiempo.

Para controlar eficazmente la inflamación crónica de bajo grado no queda más remedio que actuar sobre aquellas variables que se pueden modificar. Tratar la obesidad, los parámetros metabólicos alterados, realizar ejercicio físico regular, mejorar la alimentación, aprender a manejar el estrés y prescindir de hábitos tóxicos, son algunas de las medidas que nos pueden asegurar un envejecimiento saludable y un buen estado de calidad de vida a lo largo de los años.

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