Recomendaciones sobre el tratamiento

En este segundo artículo vamos a ver las nuevas recomendaciones que nos hace la Sociedad Española de Reumatología en el área de los tratamientos.

En relación con los fármacos, sabemos desde hace tiempo que los que han demostrado alguna eficacia en el tratamiento de los pacientes con fibromialgia han sido algunos antidepresivos, anticonvulsivantes y analgésicos simples. Desde hace ya algún tiempo no se han producido grandes novedades en cuanto a fármacos nuevos, así que no vamos a tratar sobre esto.

Sin embargo, hemos comprobado que algunos fármacos que se utilizan mucho en estos pacientes ocasionan más problemas que beneficios. Entre los más frecuentes están los antinflamatorios no esteroideos (AINE), utilizados por el 57% de los pacientes. Sabemos que mejoran el dolor de manera similar a como lo hacen los analgésicos simples, pero con más efectos adversos digestivos, descompensación de la tensión arterial o aumento del riesgo cardiovascular.

También están las benzodiacepinas, usadas por el 45% de los pacientes. Estos fármacos aumentan los trastornos cognitivos (memoria, concentración, atención, rapidez mental, etc.), producen debilidad muscular y, recientemente, se están relacionando con la demencia y el Alzheimer. Se calcula que a los tres meses de haber empezado a tomarlas, los efectos inductores sobre el sueño y la reducción de la ansiedad han desaparecido y son necesaria dosis cada vez mayores para conseguir algún beneficio. Las benzodiacepinas tienen un efecto adictivo muy fuerte y a la hora de quitarlas ocasionan un síndrome de abstinencia importante que impide muchas veces retirarlas.

Los opioides mayores en España solo los utilizan el 5% de los pacientes con fibromialgia. Pero, otros opioides como el tramadol, algo más débil que los anteriores, se utiliza con frecuencia a altas dosis produciendo los mismos efectos. Además de los graves trastornos cognitivos, digestivos, alteraciones del estado de ánimo, debilidad muscular, descoordinación motora y aumento de caídas, la capacidad de adicción es todavía mayor que con las benzodiacepinas por lo que el síndrome de abstinencia tras su retirada es más grave.

Si el uso de cada uno de estos fármacos tiene ya de por sí unas consecuencias bastante negativas para el paciente, la combinación de benzodiacepinas y opioides amplifica los efectos secundarios graves hasta unos límites alarmantes. Se calcula que la combinación de ambos fármacos multiplica por quince el riesgo de mortalidad de los pacientes en comparación con aquellos que no toman ninguno de los dos fármacos.

La Sociedad Española de Reumatología es totalmente contundente a la hora de desaconsejar el uso de estos tres tipos de fármacos en los pacientes con fibromialgia.

En lo que concierne a la utilización de las medicinas alternativas y complementarias en la fibromialgia, en las revisiones realizadas por otras sociedades científicas nunca se ha encontrado una buena evidencia científica a favor de la utilización de ninguna de ellas. La Sociedad Española de Reumatología ha realizado una exhaustiva revisión de las terapias más recientes en busca también de la evidencia. En general, existen pocos estudios, la calidad metodológica no es buena en la mayoría de ellos, el número de pacientes es escaso, los resultados son pobres y, cuando se observa alguna eficacia, esta es tan pequeña que no tiene significado clínico alguno para el beneficio del paciente. Por estas razones, la Sociedad Española de Reumatología no puede recomendar ninguna de estas terapias.

Las medicinas alternativas y complementarias son utilizadas por el 70% de los pacientes con fibromialgia. Mi consejo personal es que cuando un paciente quiera probar alguna de estas modalidades, en primer lugar, hay que explicarle con detalle la eficacia de estas terapias y, a continuación, analizar y discutir con el paciente las ventajas e inconvenientes que puede encontrar con estos tratamientos.

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