Más sobre la vacunación

Desgraciadamente, el desconcierto sobre la vacunación con Astra-Zeneca sigue aumentando cada día ocasionando más dudas entre la población y una mayor preocupación entre aquellas personas con otras enfermedades por el aumento de riesgo que les pudiera suponer.

La Agencia Europea del Medicamento, en su comunicado del día 7 de abril reconoce el riesgo de trombosis (pincha aquí) con esta vacuna en personas menores de 60 años, pero también añade una información de gran interés para poder valorar correctamente esta información.

Hasta la fecha, se ha vacunado en Europa a 25 millones de personas con la vacuna de Astra-Zeneca, y se han comunicado 86 casos de trombosis, con una mortalidad de 18 pacientes, lo que supone 1 fallecimiento por cada 1,4 millones de vacunaciones.

Considerando que el porcentaje de infección por coronavirus entre la población sea de un 7%, si no se hubiera vacunado a todas estas personas se habrían producido 1.750.000 casos más de infecciones. Como la mortalidad de los pacientes con COVID-19 es del 1%, significa que habría habido 17.500 personas fallecidas de más en Europa.

Es decir, la noticia debería ser: “Con la vacuna de Astra-Zeneca se han evitado 17.500 fallecimientos por coronavirus…” y, sin embargo, la noticia que se sigue manejando hasta la saciedad son los fallecimientos por los efectos de esta vacuna, que le ha ocurrido a 18 personas.

Evidentemente, aun siendo un porcentaje pequeño de fallecimientos en relación con los enormes beneficios que está produciendo la vacuna, es indiscutible que hay que tratar de evitarlos. La cuestión es cómo hacerlo teniendo en cuenta la situación actual.

Si se pudiera elegir el tipo de vacuna, podríamos recomendar la que menos efectos secundarios produce; pero, en primer lugar, no existe en el momento actual la posibilidad de elegir otro tipo de vacuna; y en segundo lugar, tampoco existen estudios comparativos entre las diferentes vacunas para saber cuál es “la mejor” o la que menos efectos secundarios produce.

Con la escasez generalizada que hay de vacunas, la única alternativa que queda es no ponérsela, en cuyo caso el paciente debe asumir el riesgo que hemos comentado anteriormente que es, como hemos visto, muchísimo mayor.

Estos son los datos más recientes que hay, y la interpretación de los mismos debe hacerla cada uno atendiendo a sus prioridades personales, pero disponiendo previamente de la mejor información posible.

Tanto los medios de comunicación que publican  noticias sensacionalistas,  como los políticos que manejan este tipo de informaciones siguiendo criterios que nada tienen que ver con el interés general, deberían tener en cuenta el grave perjuicio que están ocasionando a muchos ciudadanos en unos momentos tan delicados como los que estamos viviendo.

En la actualidad son absolutamente necesarios mensajes veraces, claros y precisos, realizados de forma unánime y sin contradicciones por los diferentes responsables involucrados en la gestión de esta situación: científicos, profesionales, políticos y medios de comunicación (siempre en este orden y nunca al revés).

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