Los criterios de la fibromialgia

Lo primero que tienes que saber es que los criterios de la fibromialgia no deben utilizarse para hacer el diagnóstico, ya que el diagnóstico se establece con los síntomas clínicos que relata el paciente y con esto es suficiente.

Te voy a contar cómo surgieron los criterios y para qué han servido.

Cuando en 1990 se establecieron los primeros criterios (dolor generalizado en aparato locomotor, de más de 3 meses de evolución y presencia de 11 de los 18 puntos de dolor establecidos), el objetivo que se perseguía era poder clasificar a los enfermos bajo el epígrafe de fibromialgia si tenían los mismos síntomas. Con ello se consiguió agrupar bajo un solo diagnóstico a los pacientes que presentaban la misma enfermedad y no otras con síntomas parecidos. Es decir, los criterios se establecieron fundamentalmente para clasificar a los pacientes, pero no para hacer el diagnóstico.

Esta ha sido la gran utilidad que han tenido los criterios de la fibromialgia, pues al disponer de un grupo homogéneo de enfermos inmediatamente comenzaron los estudios de investigación básica, clínica y terapéutica que nos han permitido conocer mejor la fibromialgia. Lo que sabemos hoy día sobre esta enfermedad no se parece ni por asomo a lo que conocíamos hace 30 años, y este avance se debe precisamente a los criterios.

Sin embargo, pronto se generalizó el uso de los criterios para establecer el diagnóstico de fibromialgia, y aquellos pacientes que no cumplían los criterios no se les hacía el diagnóstico. Esto fue más allá y empezaron a utilizarse los puntos de dolor como una especie de termómetro de manera que cuanto mayor fuera el número de puntos más grave era la fibromialgia. Incluso, en el ámbito de las incapacidades laborales se llegó a considerar por parte de algunos jueces que el número de puntos era indispensable para conceder una incapacidad lo que ocasionó que se llegara a exigir que en los informes médicos se especificara cuántos puntos de dolor tenía el paciente ¡Un auténtico despropósito!

En seguida, los clínicos empezamos a darnos cuenta de que los puntos no aportaban demasiada información a la situación real del paciente y que los síntomas eran mucho más importantes para saber cómo estaba el enfermo y, sin embargo, no estaban representados en los criterios.

Así, en 2010, se revisaron los criterios y se publicaron otros nuevos que ya no incluyen los puntos de dolor y que incorporan los síntomas más importantes que tienen estos enfermos (áreas de dolor; gravedad del cansancio, alteraciones de sueño y síntomas cognitivos, y presencia de otros síntomas somáticos).

Estos nuevos criterios, que han sido ya revisados en un par de ocasiones, siguen sirviendo sobre todo para clasificar a los pacientes, pues el diagnóstico de fibromialgia se debe hacer por la clínica que cuenta el paciente independientemente de si cumple o no con los criterios.

Para medir la gravedad de la fibromialgia no existe unanimidad entre los especialistas. Existen varios cuestionarios, pero cada uno es utilizado dependiendo del facultativo. Por ejemplo, dentro de los criterios se ha elaborado una escala que permite valorar la gravedad del paciente, aunque todavía no está completamente validada. El cuestionario FIQ es uno de los más usados, pero tiene unas limitaciones evidentes porque con frecuencia alcanza la máxima puntuación. El ICAF es un cuestionario elaborado por reumatólogos españoles y es el que ofrece las mejores garantías para medir la gravedad de la fibromialgia, pero, desgraciadamente, no es muy utilizado.

Para terminar, me gustaría aclarar que todavía no existe la prueba que permita establecer con certeza el diagnóstico de fibromialgia y en tanto no la tengamos el único criterio válido para establecer el diagnóstico es la historia clínica que cuenta el paciente.

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